Una vez cada tanto
le cantamos una serenata
al viento que dobla la esquina,
una vez al mes con suerte
abrazamos a un amigo,
dos veces por semana
a escondidas lloramos
sobre un libro abierto,
ocho mil setecientos
sesenta y seis horas al año
respiramos por la herida.
Gastamos unos segundos
soplando la espuma del amor,
minutos eternos el humo
de las desilusiones;
cerramos las puertas
y abrimos un plazo fijo
para ahorrar lágrimas,
nos ahogan los números
mientras calculamos
la voracidad de los epitafios
que nos negamos.
¿Cuántas gotas hacen falta
para que el saldo sea positivo?
¿Cuánto ganamos de intereses
con las emociones bancarizadas?
¿Quién se beneficia
cuando todo lo que late
se acumula en el silencio?

Coti Molina
@cotimolgo
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