Yo la conozco y, aún por nacer, conozco también a Luz, a su Luz, su Lucía. Nadie como yo puede decirte cuán grande fue el dolor de ver en la pantalla los golpes, las armas, la crueldad. Oh, sí, fue difícil oír los disparos y los discursos hipócritas que le siguieron. El maquillaje no les sirvió de nada; lo ví, lo escuché, lo sufrí, y lo sufro.
Esa niña familiar siempre pensó que haría cualquier cosa si llegara ese momento, que estaría dispuesta a todo. Pero no contaba con que tú, Lucía, estuvieras a punto de llegar. Su mente cambió en un instante y lo que antes hubiera sido, quizás, un impulso de salir a la calle, se convirtió, sin ton ni son, en un miedo horroroso y desgarrador por verte nacer en medio de humo y sangre, por perder a un padre, a un hermano, a un marido. El estímulo que le llegó en ese momento no fue el de romper cadenas, sino el de resguardarse en una cueva; todo por ti, mi Luz, su Luz. Aquella fue quien te engendró, pero seré yo quien te dé vida. Yo, cobarde, sentimental, chillando en silencio para no despertarte.
Pobre de ti, hija, que has de estar aquí o, mejor dicho, que has de estar ahora. Nacerás entre aguas profundas, aguas saladas, aguas calientes. Y llorarás sin llorar, y gritarás sin gritar, ahogada, desde la cuna, en la pestilencia del huracán político y desahuciado de este, nuestro país. Ojalá no sientas un día, allá en tu nueva patria, como siento yo hoy, los pesares que acucian a esta tierra. Ojalá puedas hacer más de lo que hago y veas, libre, el viento entre las hojas de la majagua, de la ceiba y de la palma.
Sé, tú misma, mente liberadora de esclavos criollos, sumergidos en la pobreza educacional, en la indigencia cultural. Sé, tú misma, maestra, profeta, guerrera y guerra para los explotadores. Sé, tú misma, dadora de vida, de sueños, de amor incondicional. Siente esta tierra como tuya –porque sí, es tuya–, defiéndela con el alma y la mente y, si hiciera falta, con el cuerpo. No pienses en mamá como mamá piensa en ti. Corre siempre en busca de aquello que yo no puedo por culpa de este pavoroso sentimiento que no me deja avanzar. Sé justa y valiente. Persigue el sueño cubano que jamás hemos logrado, a no ser, tal vez, durante unos pocos instantes en el 59, cuando creímos haber derrotado todas las dictaduras y hecho valer nuestra historia. No seas cobarde como yo; sé hija de aquella a quien un día conocí, y no mía. Haz por tu nación todo aquello que yo soñaba hacer: educa a tu pueblo –que es y será siempre este, aunque tengas otro para cuidar–, cúralo, guíalo.
Estoy segura: te dará tiempo de llegar a tiempo porque lloverá antes de que Ítaca pueda recuperarse de tantos años de desgaste. Sé con los libres, si ya son libres, y con los revolucionarios –los de verdad–, si aún hace falta.
Por desgracia, no fui yo quien te engendró, pero seré yo quien te críe. Prometo no enseñarte a ser lo que soy, sino aquella que fui. Si tú lo deseas, tendrás un corazón más grande y más valiente, una mente más brillante, un cuerpo más duro. Prometo hacer de ti la joven deseosa que antaño fui y así me devolverás un poco de la vida que te llevarás al nacer.
Seré tuya siempre, devota a ti, pero tú no seas mía; sé únicamente, libremente, eternamente tuya.

Dany Perag
@danypera2707
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