No sé si es indiscreción,
–Perdóneme usted, en ese caso–
pero me había parecido ver en sus pies
el mismo número que yo tengo tatuado.
Me ha parecido ver su sombra
bajo un flamante fuego de verano
deslizándose entre hileras de olmos
que yo misma había plantado.
He creído verle en su diario,
en cursiva, entrecomillado.
Al desnudo, en definitiva.
He creído verme en su página final
y me he tragado de tinta espinas por no verle en la mía.



Deja un comentario