Una brisa murmura por mi ventana,
llevándose las inquietudes
y llenando mis pulmones de un aire nuevo.
La noche, serena, se convierte en un refugio,
donde la luz de la luna y la brisa
tejen una danza silenciosa.
Fría y purificadora,
parece susurrar secretos al alma.
El mar, en complicidad,
se une con el murmullo de sus olas,
una sinfonía que lo abarca todo.
El frío recorre mi cuerpo,
de los pies a la cabeza,
y en ese instante siento un renacer,
un momento único,
como si la brisa me recordara
lo que significa simplemente estar.

Lina Rodríguez
@lina_aria
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