Esa mañana había atravesado el Baobab,
que cuesta sostener a cualquier isla.
¿Quién imaginaría ver despellejadas
las aguas para poder llegar?
Invadiendo el espacio de arbustos costeros,
su intimidad ajena…
Y las venas de la adelfa desvanecida,
conmigo.
Preferí eso
que inexistir en mi coral de soledad,
sin encontrar la sirena instintiva para acarrear vida,
aunque ahora sé que es lo mismo: desaparecer en aguaislada,
en arbustos o en esa franja remota donde brota la resistencia.

Isabel Ojeda
@biojeda
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