Me he asfixiado
con la fiebre de tus gritos,
el hedor de tu desprecio
y tus acusaciones.
Qué loca estás,
qué loca.
Me has arrancado las ganas
y me has llenado el alma de ponzoña,
el corazón con tus complejos,
y hasta las bragas.
Me has hecho un agujero en el estómago
y me lo has llenado con tu delirio,
tu habilidad
de victimizarte
y de hacerme, a mí, siempre culpable.
Qué loca estás,
qué loca.
Con lo mona que eres,
muy mona.
Quizá porque dejé de reírte los complejos,
porque empecé a gritarte las verdades entre versos
y eso te hizo darte cuenta
de que no hay sitio
para tu macabra percepción de superioridad
en un corazón tan podrido
y tan pequeño.

Raquel Gavilán Párraga
@raquelgavilanoficial
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