11 de mayo 2025, Salamanca
Busco,
si fuera necesario,
casa linda, pero sencilla,
rozando el cristal del mar,
orando él y yo
a sus orillas.
Unos versos en los labios,
manteles sobre las sillas,
un bol de azul y de naćar,
con conchas y perla fina,
regaladas de mañana;
resquicios de la salina.
Península portuguesa,
diminuta, enternecida;
un hogar cerca,
muy cerca,
del azul que sana heridas.
—¿Cambiarías, castellana
como la tierra te cría,
ver hacerse de oro puro
el campo en el que se trilla;
la tierra que te dio letras
y autoridad de poesía,
que eres soplo solamente
de soneto, romance y silva?
—Esporádicamente sí,
por un tiempo, años o días.
—¿Y si llorasen tus entrañas
por el sol de mediodía
sobre las eras de ámbar,
muy cerca de aquella ermita?
—Si llorasen tanto, tanto,
yo sí las escucharía.
Y en el correo temprano,
cartas a España enviaría.
Pensaría en los balcones
de la Castilla castiza,
en la historia que mi abuela,
más que narra, dramatiza;
en canciones desgarradas,
tangos, letrillas antiguas,
que solo el abuelo sabe
y en sobremesas recita.
Pensaría sin dudarlo
en el castillo del conde,
que esconde mil maravillas,
y en la leyenda del monje
que durmió en la plena brisa.
No me bastaría entonces
la evasión a la tierrita:
volvería con deleite,
por un tiempo,
con delicia,
al arrabal del Cerrato,
que es ya comarca bendita.

Eva Pérez Cepeda
@evaperezcepeda_04
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