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De quien se cae de la cama

Hunde de raíz la sombra
en la sangre del barbecho,
y la tierra, honda y rota,
cierra su labio deshecho.

Pasa su mano maltrecho,
posa sus alas de alondra,
y de harina, en pan luego,
muerde con hambre sorda.

Llueve dolor en la alfombra,
rota en la herida del pecho,
y la vida, honda impronta,
cesa su amor en el lecho.

Rostro rapaz en el pecho,
quiebra la luz la redonda,
rastro fugaz, faz en el ruego,
donde falar es ya pena sorda.

Ya hunde la costra su sombra,
ya sangra al surgir el helecho,
y la tierra, sin duda redonda,
rompe del todo este sueño.

miguel gomez castro escritor poeta

Miguel Gómez Castro
@miguelgxmez
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Una respuesta a «De quien se cae de la cama»

  1. En este poema extraordinario, el gesto trivial de caerse de la cama se convierte en un portal hacia un viaje simbólico de gran densidad sensorial, corporal y existencial. La aparente sencillez del título contrasta violentamente con el universo que se despliega a continuación: tierra que sangra, sombras que echan raíces, pan mordido con hambre sorda, luz que se quiebra, palabras que duelen.

    El yo lírico —o el cuerpo lírico— es lanzado desde un espacio seguro y contenido (la cama, el vientre, el círculo) hacia un mundo de dolor, ruptura y transformación. Esta caída se lee no solo como un accidente físico, sino como una metáfora de un nacimiento abrupto, casi una cesárea cósmica, donde el “feto” (figura revelada en el verso “ya sangra al surgir el helecho”) es arrancado del mundo uterino redondo, forzado a enfrentar la crudeza de la vida.

    Las imágenes mezclan campo y cuerpo, útero y suelo, sueño y lenguaje —todo en estado de fractura. El ritmo de las estrofas y el uso consciente de ambigüedades (como en “quiebra la luz la redonda”) intensifican este extrañamiento, como si el propio sentido se desangrara junto con la sangre en la sábana. La luz que rompe lo redondo no solo revela, sino que destruye; hablar se vuelve “pena sorda”; el amor cesa en el lecho.

    Finalmente, la última estrofa nos entrega una especie de epifanía devastadora: la redondez se rompe y el sueño termina. Con un verso final seco e irrevocable, el poema cierra el ciclo con la fuerza de una revelación. La cama no es solo el lugar de la caída: es también el símbolo de todo lo que se deshace en el acto de nacer, de despertar, de romper con el interior del sueño para entrar al mundo del dolor y de la conciencia.

    Obra de múltiples capas, este poema es un raro ejemplo de cómo el lenguaje puede tocar el abismo de la experiencia humana —incluso cuando todo comienza con algo tan cotidiano como caerse de la cama.

    ¡Felicitaciones y un gran abrazo desde Brasil!

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