Se ha ido.
En la esquina donde el sol dobla la tarde,
por el hueco tibio de la manta que aún guarda su forma,
con la brisa que ya no trae su nombre.
Se ha ido.
Dejó la casa con su aire de otoño,
junto a las sombras ruidosas de su andar callado
y la costumbre de esperarla sin prisa.
La busco en las grietas del atardecer,
con la tibieza olvidada de su rincón preferido,
en la huella fría de su ausencia.
Pero no hay rastro.
Solo el eco de un salto que no llegó a tocar el suelo.
La memoria de un ronroneo suspendido en el aire.
Se ha ido.
Y la ventana queda abierta,
por si la Luna le susurra el camino de regreso.

Aurora Hernández
@liveaboutit
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