No queda más
que ceder
al descenso lento
de la savia,
tronco abajo,
garganta adentro.
Una pausa
extendida
entre flor y bostezo,
entre pétalos y párpados cerrados.
Sube el polen,
pero baja la sangre
a su escondite,
remanso silencioso y húmedo.
Latido difuso
en el entresueño,
código blando
de horas que no arden.
Goteo de luz
que no despierta,
pero empuja,
abre puertas, cierra pulmones.
Somnoliento, el cuerpo
se deshace
en flor marchita
de energía tibia;
cae, rendido,
sobre un colchón
florido.
ya no sé si respiro
o me duermo
viva.

María Peralta
mariaperalta.net
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