Cuando brota el alma,
también brotan tímidos rosales
llenos de espinas en sus tallos.
Al tomarlos entre mis manos,
a casa espina le susurro:
“Espinita que te clavas en las yemitas de mis dedos,
cántame una canción de cuna
que me endulce los silencios.”
Y me elevo,
me elevo
en las hojas de los árboles
se mece mi sueño.
Cuando brota el alma,
también brotan los recuerdos:
recuerdos de vidas pasadas,
presagios de futuros inciertos.
Si los libero por mi boca,
me florecen cenicientos,
a cada flor un susurro:
“Florecita que floreces en la voz callada de mi templo,
haz que germine mi semilla
por los poros de mi cuerpo.”
Y me elevo,
me elevo.
En las hojas de los árboles
se desvanecen mis tormentos.
Cuando brota el alma,
también brota cielo,
y la tierra,
y los ríos,
y las montañas
y los mares que navego.
Y vuelvo a susurrar:
“Espinita que te clavas en la yemita de mis dedos,
haz brotar la sangre,
que es la vida
que a la naturaleza yo le entrego”

María Peralta
mariaperalta.net
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