A lo lejos del paseo marítimo coruñés
golpea el estruendo de olas de mar, himnos de sirenas;
el cielo dibuja los trazos forzados del vuelo,
la bestia de alas, del mar y la brisa se adueña.
Pilotando sobre el aire frío del norte
que golpea con fuerza su entorno,
se detiene a observar la tangente línea horizonte
sin rastros de barcas ni redes que al mar tanto consternan.
Colosal espacio de nubes amorfas
brinda su vasto territorio y complacencia;
cesan los aleteos y piruetas,
aterriza la gaviota patiamarilla,
aferrándose en la quietud de la arena.
Detrás ha dejado su paisaje de palmeras y setos,
tiene la mejor vista desde el balcón del Atlántico,
expira su travesía en la tierra herculina;
renace la fuerza del vuelo,
desde la inmensidad del mar.

Kervin Briceño Álvarez
@prisonerofideas
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