La sonrisa de mi madre

Una mañana,
desperté con desánimo.
Mi cuerpo se siente
como un fardo de sombras,
una carga que se niega a soltarme,
incapaz de apiadarse
de mis deseos de vivir.

Los rayos de sol
que se filtran por mi ventana
no iluminan –sentencian–.
Se convierten en mi verdugo.

Me habita la tristeza,
el silencio,
la pesadez moral,
y… pequeñas ráfagas de optimismo
que cruzan mi pecho
como mariposas errantes.
Un torbellino de emociones
que no piden permiso.

Salgo de mi habitación
con el cuerpo aún enredado
en las sábanas,
como si llevara encima
todas las batallas que nadie ve.

Sola, irrevocablemente sola,
espero una voz de aliento
que quizá se oculta
entre las grietas del aire.

Reconozco los viejos cuadros,
las flores frescas sobre la mesa,
la luz tenue que dibuja la rutina.
Deben ser las siete.
El murmullo de la cocina
el susurro del fuego encendiéndose
me recuerda que el mundo sigue.

En la mesa, un par de arepas.
El aroma dulce
del chocolate caliente
logra quebrar la tristeza.
Me siento.
Mi madre me sonríe,
y en ese gesto
se disuelve la pesadilla.

Hoy, particularmente,
el sol volvió a salir.
Mi mente es un torbellino,
y mi cuerpo, un árbol cansado
pero firme.
Son días grises y claros,
pero tengo la certeza
de que el amor de una madre
es refugio,
es raíz,
es la cura más dulce
para cuando la vida pesa demasiado.

A ti, madre, gracias por ser esa luz constante,
por ofrecerme siempre un abrigo inquebrantable.

lina rodriguez poeta escritora

Lina Rodríguez
@lina_aria
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Una respuesta a «La sonrisa de mi madre»

  1. Un poema profundamente humano y emotivo. Muestra con sinceridad el peso del desánimo y la soledad, pero también la fuerza sanadora del amor materno. La tristeza se transforma en ternura, y el simple gesto de una madre logra devolver la esperanza.

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