Están,
como vos,
por doquier las cosas.
Te vas juntando pedazos
que son sinécdoques de cuerpo
y memoria,
panfletos desperdigados
en historias que cuentan
la historia de cartografías
íntimas,
pero siempre susceptibles
de ser baldío.
Frankenstein se muda
y no entiende que lo privado
no existe,
que él es el monstruo
de todos.
Que tiene piezas y funciones
dispersas en una longitud
que es de lengua,
de horizontes inmensos,
y que cada paso
es desafío y geografía
de rincones ajenos.
Bicho trémulo,
hijo de deseos
que no están en ningún lado,
tu función primera
es la de no conocer;
caminar en busca de
esas figuras que no son
iguales,
pero que aprendimos
a ignorar en su diferencia
o virtud.
Mientras barre polvo
y arañas
mira adentro
y se pregunta
si más allá de la realidad
difusa de sus manos
existe algo que sea
propio.
Y en el silencio
sostenido de una pieza
cuyo muro ya es otro,
no lo sabe,
no lo sabe
ni lo sabe nadie.

Alejandro Kosak
La biblioteca de arena
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