La mirada nació del cuerpo de septiembre.
Fue un parto libre,
sin dolor.
La sangre llegó después.
Una herida me devolvió al mundo,
estruendo pálido y fugaz
que llenó mi voz de insectos.
De aquel rasguño brotaron los fantasmas
dóciles,
sedientos.
Todavía
tengo la sangre de septiembre en el ombligo.
Los ojos del dolor me observan
y buscan debajo de mis uñas
los pedazos que les debo.

Octavio Castillo Quesada
@o.castilloquesada
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