No esperaré a la muerte

Recorreré desnudo este camino
y escribiré mi verdad,
aunque sé
que el tiempo borrará mi estela,
como el arroyo condena al molino
a mirar los peces nadar,
pero a la vez
la corriente gira su rueda,
y sin querer,
de alguna forma lo libera.

Como una gota de lluvia sin más destino
que perderse en el mar,
mas al caer
sueña que el viento la mece y vuela,
yo viajaré de este mundo al que imagino
buscando un hogar,
que encontraré
en la estrella que ambos esperan,
bajo la fe
de ser las mitades de una entera.

Hasta quemarse los campos que ahora irrigo
y la tierra sea ceniza,
hasta que la sal
no cubra toda raíz de nieve,
entretanto rozaré cada espiga de trigo
por ver cómo el vello me eriza,
como un final
que se resiste a que un comienzo lo lleve,
un ojo detrás
de un párpado al cerrarse, que no ve más,
pero se mueve.

Y cuando un último día me arrastre consigo
a un ocaso de luz rojiza,
cuando no haya lugar
adonde huir de la noche que viene,
habré de creer que si al sol persigo
a lo mejor mi atardecer se eterniza,
como un quizá
que desafía las certezas que tiene,
un más allá
tejido con hebras de aire, del ojalá
que lo sostiene.

Mientras pasa la vida, la que pasea
con vestido blanco, la que aletea
lejos de todos, de la pelea
por ver la cumbre,
pasa también la mía, que ya cojea
por ir descalza, por la odisea
de seguir su rastro, y así la vea
o se derrumbe.

Y cuando llegue la muerte, negra marea
que se vacía, pues borbotea
y sólo mana, y ya gotea,
y se interrumpe,
le costará encontrarme, donde se lean
puntos suspensivos, junto a la idea
de la esperanza, esa que ondea
la incertidumbre.

Iñigo Aranburu Palmeiro
@aranogi.poesia
Leer sus escritos

50 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas