Silencio nuevo

Tengo
un nuevo silencio escandaloso
que ya no es cómplice
y, aunque lo guardo,
te nombra.

Un castizo se me enreda en el pelo
y unas ganas terribles
de correr,
de ir y venir,
cuando tu mano
independiente,
suave,
me agarra el cuello.

El cuerpo se me hace agua
y la mente
afina con cada pregunta,
por cada respuesta.

Un nuevo esperar,
un nuevo ser paciente,
un nuevo conversar,
un nuevo respirar
y contar hasta treinta.
Besos en ambas mejillas
y en la frente.

Una otra mirada
que me despoja
de lo que antaño fui.
Una mano más cariñosa,
más delicada,
más habilidosa
en ciertos gestos de muñeca.

Pies más serenos en el andar,
caderas más coquetas
se balancean con más seguridad.
Una orillita de arenas doradas
en el estómago
que a veces se alborota
si te me acercas.

Una nueva colección de libros
y otra nueva de ganas de leer.
Un suspiro bajito,
como de metro ochenta y cuatro,
que me levanta en peso
y me muerde el labio.

Bueno,
te tengo a ti
que me desarmas
al volver
de la mismísima guerra.

Te tengo entre mis pechos:
enterrado,
acomodado,
atesorado,
bienaventurado
entre montañas blancas y rojas,
dormido,
perdido.

Al final,
tengo,
solo tengo
el inconmensurable deseo
irrefrenado
de que este amarre Yoruba funcione.
Si no,
igual,
quédate aquí;
hazme tu nuevo hogar.

Dany Perag
@danypera2707
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