La luna se hizo muy tenue,
la noche, muy despejada;
ondeantes los cabellos,
balcones hacia la playa.
Como un ave muy risueña
que vuela al ser liberada;
así parecía el tiempo
que en esta tierra pasaba.
Candelabros encendidos
sobre manteles de rayas;
Bécquer e Ibsen comparten
espacios, común morada.
Recuerdos hay que no mueren
de tanto escocer al alma.
Escuchen con qué nostalgia
está hablando la española,
con densidad de mirada:
—Me trajo ayer la tormenta
unas lágrimas pasadas.
Hacía tanto… meses, años…
que en ellas no reparaba.
¿Cómo fue que vi el sol
si era luna quien reinaba;
cómo sentí calidez
en ímpetus de marejada?
¡Que esta danza de los ojos
sea esta vez realizada,
no fruto del mal delirio,
ni ingenua, idealizada!
Siento el fondo de esta alma
febrilmente encandilada…
Será bálsamo de estío,
la bohemia que yo ansiaba…
Los pies morenos sin frío
buscan el verde de agua;
y Marea hiere la piel
como delicadas dagas.
La luna dicta en el aire
—es la musa venerada—,
dicta versos de Cupido,
improvisando sonatas.
“La luna la vela, vela…”
y este añil conmovido
está velando la casa.

Eva Pérez Cepeda
@evaperezcepeda_04
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