Más que el durante, preferí el después.
Siempre hay un después.
Por mucho que prometieras
eternidad.
Si fueras pluma, indeleble,
sobre mi Bad quarto,
¿quién dijo no pudiera tornar?
¿Quién dijo no pudiera
hacerme con tu palabra una
y volar, ligera, pocos menos que ellas
huecas?
Verba volant y así mi pena,
mis llamas de cera quemándome
—ahora,-nos—,
escapen y sellen tus labios;
que ahí tus falacias mueran
sin volver a volar.



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