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Mi querido Kyle

De entre todos los instantes posibles, Ellen eligió revivir aquel acontecimiento.

El oráculo aceptó la petición sin vacilar. Se situó detrás de su cuerpo tendido y posó las manos heladas sobre sus sienes. El resto sucedió con tal rapidez que Ellen no supo discernir si estaba soñando o si todo era apenas un destello de su imaginación.

Allí estaba él. Allí estaba ella. En el día más feliz de sus breves vidas.

Él se mostraba expectante, quizá nervioso, vestido con un traje negro impecable y una corbata de tonos grises. Poco después apareció ella: valiente, radiante, decidida a sellar su destino junto al de su amor de juventud. Al recorrer con la mirada a los asistentes, se le humedecieron los ojos: allí también estaban su padre, su madre y su abuela.

Ellen había querido regresar al día de su boda con Kyle, ese instante perfecto antes de que la enfermedad comenzara a devorar lentamente el cuerpo de su esposo. Una dolencia irreversible que lo consumió poco a poco, arrastrando a la pareja a una situación insoportable cuando apenas empezaban a construir su vida en común.

Lo haría por él. Lo haría por ella. Seguiría luchando hasta que sus almas volvieran a encontrarse. Tal vez tarde, tal vez pronto. Pero ese momento llegaría.

—Adiós, mi amor —susurró Ellen antes de despertar.

autor carlos grossocordon

Carlos Grossocordón
carlosgrossocordon.com
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