Imagina un dolor muy grande.
Un dolor que retumba
como un eco clavado en las paredes.
Un dolor inmenso
entre sollozos
te arrojan a sus brazos.
Un dolor ineludible
que vives obligada
día a día
pellizco a pellizco.
Retorcido, oscuro
casi negro,
negro.
Un dolor que cae
como un deshielo
recogido en lo íntimo
que no se nombra
que nadie ve
pero se siente en los huesos
calado
como el frío del invierno.
Imagina un dolor muy grande
tanto
que esquivarlo se hace imposible
y se va por la puerta
sin poder retenerlo
sin amparo de tu cuerpo
mientras sigue atravesando
los cimientos de una casa
una familia
una vida.
Cómo le cuento a mi dolor
que el monstruo le espera ansioso
que no piense
en el granizo que nos azota.
Cómo le cuento a mi dolor
que irá bien
si solo encuentro pesadumbre
donde el Sol sale.
Tan desmesurado el dolor
que ni una madre puede aliviar.
Tan aplastante
que solo la justicia tiene la llave
la memoria
de la protección divina.
Imagina un dolor que petrifica
un dolor tan insufrible,
que solo puede ser una hija.

Irene Carrasco
@irenecarrasco_autora
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