¿Qué pasaría si cada noche viajases al año 33 después de Cristo, a las afueras de las murallas de Jerusalén? ¿Qué pasaría si tú, Cacha, no hubieras aparecido entre las aguas caribeñas, si hubieras nacido, hecha de piedra y adulta, en aquel año fatídico? ¿Qué pasaría si hubieras descubierto un Cristo en la cruz, desnudo, herido, humano?
Caridad, ¿habrías sido capaz de ver a Dios en el hombre, descubrir su divinidad perdida entre carnes y huesos?
Yo sí, yo sí voy por esos lares con cada cruel pesadilla, revisito los últimos minutos del aliento de Jesús. Y desde una montaña solitaria miro al Eterno hecho pan y vino. En el subconsciente de mis deseos aparece mi castigo. Solo puedo mover los labios, no los pies, no los brazos; solo puedo abrir la boca y llorar inmóvil.
Me sorprendo allí mismo, gritando al viento tu nombre, mi adorada Virgen santísima, porque lo veo a Él y mi razón me dice que Él eres tú, y soy yo, y es el mundo. Lo veo todo desde mi propia cruz. Encuentro en mi castigo la redención que en la realidad no logro hallar. En el sueño estoy hecha toda de madera y agua, me fundo con el olor a sangre y mi voz se confunde con el viento mismo.
Soñar se me hace pesado, impertinente, arrogante. Dios somos todos y todos dejamos, en cada escultura sacra, un trocito de piel.
Vuelvo a despertar…

Dany Perag
@danypera2707
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