Harán dieciocho años de ti
cuando las nieves lleguen a los campos bajos
y los carámbanos de hielo
cuelguen de las azoteas.
Harán años de tu partida
a ningún lugar cerca
tampoco lejos.
La fe no entiende de lo férreo
ni de abjuración.
Ya tu voz no suena ni en la memoria
tus muecas
quedaron mudas en nuestras cabezas
y un leve quejido se alegra
cuando la nitidez las salpica.
Mas estás aquí en conversaciones
en lo poco que dejaste
y que podemos tocar más que a un recuerdo.
No pienso tanto en tu aspecto
si estos dieciocho años te hubiera querido la vida
pero sí, en si acaso fuiste tú
quien no la quisiste a ella.
Pienso condicionalmente
si el presente habitara tu cuerpo
en cómo te habrías planteado quedarte
si la poca salud mental que te quedaba
habría gozado más del momento
si los ratos que querías irte para siempre
habrían dejado este mundo
como finalmente tú hiciste.
Mis preguntas no tienen respuesta
las respuestas vuelven a formular nuevas preguntas
y la verdad es lo único certero,
redundancia relamida
para traernos de nuevo a este presente
sin condición ninguna
al nostálgico deseo de no fallarle al recuerdo.
Hoy la Bahía estaba como un plato, posiblemente, más bonita que nunca. No tanto como cuando paseabas por ella.

Irene Carrasco
@irenecarrasco_autora
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