Sin aliento,
corrió entre paredes cubiertas de espejos.
Parecían encogerse,
y sin salida,
halló en sí mismo un agujero negro.
Un rostro cubierto:
le decían que así brillaba.
Vistió un traje negro:
se dibujó también alas.
Voló, ¡plenitud!
Oh…
Sublime engaño,
algo intangible te ha devorado.
Insensible.
Sepultaba sonrisas.
Detenía sus latidos.
Buscó algo con prisa:
un vestigio más de vida.
Devoró un pedazo de luna.
Sintió morir, ¡por fin!,
pero se convirtió en estrella:
cinco puntas, que nadie abraza;
cinco puntas, y nadie sospecha nada.
Estrella, estrella;
rompió una de sus afiladas puntas:
quiso verse reflejado en ella.
Polvo, polvo;
era todo lo que dejaba:
¡pobre alma! Y no se daba cuenta.
¡Cruel destello!
que atraes a cualquiera,
pero no aferras
a quien de verdad te quiera.
Se despojó de su alma:
cayó, en polvo de estrella,
y vio de sí mismo un agujero negro.
De nuevo, el pasillo de espejos.
Pasan años, pasan décadas;
se disuelve en un bucle insondable.
Noches solas llaman a un aguacero;
aguacero que acompaña un grito.
Ay, mira tú si le has oído…
Puede ser que te haya susurrado,
carcomido.
Abriendo los ojos no ves nada,
futuro extenso e incierto;
es él, estrella.
Estrella, estrella,
ahora quiere a alguien
con quien llorar,
¡Cuidado!
Porque tus lágrimas podrían reflejarlo.
Tus sueños, ser usurpados.
Se viste de miedo,
te ahoga en el delirio.
Y él se engañará,
creyendo que así libre será,
Y tú gritarás,
pensando en que así sobrevivirás.
Estrella, estrella;
rompe una de tus afiladas puntas:
mírate reflejado en ella.
Polvo, polvo;
que no sea todo lo que dejas:
¡Pobre alma!, date cuenta…
Que con este canto te libero:
corazón, corazón,
ya no dejes de latir;
que cayendo es que se vive,
y con heridas es que se crea.

Natalia Rico Medina
@writeondandelions
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