Lloré escribiendo este poema. Gloria a Dios.

—Si vas, niña, a Portugal,
tráigame solo una cosa:
las pupilas de tesela,
elocuentes y dichosas;

el modernismo en la cara,
los sueños —alma azarosa—
rozando las venas tuyas,
ardiente de mar, congoja;

planes de recoger cartas,
libros, linos y las rosas,
llevarlos —poco ligeros—
a aquella ribeira hermosa.

Cuando vuelvas a tus tierras
con ojos de encandilada,
dime, ¿qué encontraste, niña,
en los lusos?; ¿de qué hablas
cuando dices tan en serio
que esa ciudad tiene alma?

—Detiene el tiempo preciso
que conmueve mis entrañas.
¿Qué otra cosa sería el arte,
el amor, que alma agitada?

De no ser indiferente
si toca elocuencia grata
las puertas de algún palacio
de la musa —¡no le basta
con ser solamente eso,
solo una musa admirada,
de verdades como ojos
y cabellos como ámbar—.
¡Nunca le bastó, no basta!
Y vive de los delirios
que las letras prodigaran,
y retrata a los amantes
en todas aquellas cartas.

Las envía con ternura
—a la puerta, abandonadas—,
no responden a las letras,
y ella restaura su alma.

Sueño y sueño…

—¿En qué sueñas?

—En lo que Darío soñara.
—¿En qué soñaba Darío?
—En una mujer que habla
de aspiración, de poesías;
en la princesa letrada.

Poeta también desea
ser la musa venerada;
en la medida que amo
con desbordante algazara,
—tenacidad, valentía—
ser de esa manera amada.

—Castellana, explica claro
el ardor ese que tramas.
¿Tu esencia se quedó en alguien?

—En alguien; yo volví sana,
llena de anhelos latentes
de volver, enamorada
del Duero cortando, brillante,
noche de octubre templada.

—¿Te encandilaste de él?
—Tuve una certeza clara
de que era nota directa
de un Dios que mueve montañas;
que lo que tenga valor,
recibe justa prestancia.

Fue caballero en extremo,
con engaño que ya embriaga.
En parte, caí en su juego;
caballero, engatusaba;
aprovechaba mi lirica,
romanticismo. Burlaba
como Don Juan español
las alertas de mi alma.
Y por juego de princesas,
pudo haber librado sañas.

Gracias a Dios que protege,
que a toda mujer dotara
de la mejor intuición,
del hombre malo salvándola.

eva perez cepeda escritora poeta

Eva Pérez Cepeda
@evaperezcepeda_04
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