«A mi cielo: La redención de la lágrima»
Yo fragüé el escape,
me arrinconé en la esquina
del tiempo sólo para impulsar
el latido,
no hubo vestimenta que atajara
la travesía,
el alma desnuda, porfía,
incandescente
avistaba la tempestad
¿Qué podría ser peor que quedarse?
Los ojos, ecos del vértigo,
tradujeron los espasmos
del miedo,
atravesaron la armadura
de la carne,
apilaron la emoción,
y derrumbaron la rigidez
de mi nombre en la pared.
Yo me mantuve libre
en la saliva de la tarde,
respiré los pasos de la mirada
triste,
me dije: Querida, el reposo es la
claridad de la lluvia,
y caminé descalza por el destello
anhelante del sol.

Martha Valencia
@instinto2924
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