En un campo de Viñales,
Pinar del Río, Cuba,
el verano tenía un mensaje para mí.
Pudiste haber nacido de mis huesos.
Encontrarme allí,
Frente a todas estas ganas de escurrirme.
Sembrar un bosque en los nudillos,
destripar las alas de una mariposa,
libre y huérfana.
Pegar las antenas a mi espalda,
cubrirme con la yerba,
como si las plantas fuesen los balcones
donde me escondo de la lluvia.
Allí, lejos de los árboles,
habré nacido muchas veces.
Escucho.
Canto.
Tejo
las siluetas de tus manos
que aprietan feroces a las mías
y respiran moribundas.

Octavio Castillo Quesada
@o.castilloquesada
Leer sus escritos

Deja un comentario