Andrajo

Y me parece mentira
que mi mano escriba versos
Gloria Fuertes, 1950

Mi carne se
      des
            co
                 se
cuando intenta palabras
de enmienda o agujas,
y su tinta roja escapa
como escapa de la máquina
cuyo metal es óxido.

Yo sé muy bien que no robé el fuego,
pero aún así aguardo al carcelero
que de mí se alimenta:
este cuerpo, ni único
o diverso.

El cuerpo con el que caminé
preguntando (¿qué?)
y averiguando (¿cómo?)
por las virtudes que abandonaron
las puntas de mis dedos.

El cuerpo con el que somos el mismo;
el mismo andrajoso recipiente
de funesta enunciación.
La misma noche que compensa
su sangre con arena.

Alejandro Kosak
La biblioteca de arena
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