El reloj se parte
y su arena me come los dedos:
son clavos de mi sangre.
Su sonido se hunde en mi orilla,
ya no tengo calvario,
otro mar me mira.
Lento se cuaja mi cuerpo,
la esperanza me sopla la nuca,
me tranquiliza.
Llévame,
oríllame,
pero no me hagas esperar más.

Elisenda Romano
@elisenda.romano
Leer sus escritos

Deja un comentario