
Rondaba el verano de 1987 cuando yo, Antonio José Ríos Espinosa, tuve a bien nacer en Málaga (España). Estepona me vio partir hacia mi periplo universitario por la capital malacitana, y vestida de flores quiso recibirme al regresar, acompañado de un pedacito de Jaén con vistas a una aurora granadina: Alicia, siempre Alicia. Cuando las musas se dejan besar por las esquinas de las horas, mi alma inclina su cabeza a un lado, en busca de nuevos horizontes verticales donde la Poesía, con su voz de primavera, se acerca a mí, tímida y hermosa, ofreciéndome sus pétalos de luz.

