Orografías

La belleza
es
la imposibilidad de lo imposible,
me dices

y en tu mano anidan, ligeros,
varios pétalos de jazmín
blancos
como lágrimas de nieve fresca
que aproximas, sin mácula, a mi rostro.

Inhala su aroma fractal,
que repose su sexo invisible en tus labios.
Desnúdate,
me dices

y sé que un poema no es
sino la pira funeraria del lenguaje,
exequias,
la orilla última a la que acuden
—oh, solemnes cetáceos—

a desangrarse y morir
de tanta vida las palabras.

Y ahora, tú, que conoces
de las galaxias su anhelo,
su luz irreversible,
dejaré que me devores,
dejaré que me conviertas
en tu más fiel espejismo,

me dices

y, en silencio,

las montañas

se han comenzado a mover.

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