Almudena Anés (España) Escritores de Letras & Poesía Opinión Reflexiones

Tragedia Griega

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Si estás leyendo esto, es que he muerto…

Superviviente de dioses y falsos profetas consumidos en las llamas de la falsedad y desesperación humana, si estás leyendo estas palabras envenenadas de verdad
irrefrenable y tan contagiosa como el peor de los virus, es que ya no camino más por estos inmensos y yermos lugares. Cosida mi boca con una aguja enhebrada de pura ponzoña, utilizo mis manos amputadas para describir terribles realidades que van desde la
Antigüedad y duran hasta ahora, intentando agarrar una vieja pluma entre el muñón infectado y tres dedos mal dejados, me dispongo a criticar mi propia debilidad.

 

Ahora yacida en la tierra, mi hogar por extensión y auténtica naturaleza, escribo destilando tinta fresca de lágrimas derramadas por periódicos nacionales, cuyos titulares ya me son irrelevantes, gritan mucho pero poco hablan, o eso dicen los que saben. Inmersa en una burbuja de gas lacrimógeno y cambiando mis bombillas de electricidad contaminante por las de bajo consumo, pienso en esta sociedad tan insignificante, cuya vanidad se desliga de una supuesta inmortalidad que sólo vive en los bolsillos de ladrones y truhanes.
Las noticias se suceden como una cadena de acontecimientos inconexos que me chupan la sangre ante tanta podredumbre de valores morales y derechos universales. Citamos a los grandes filósofos en las redes sociales pero nos olvidamos de utilizar sus enseñanzas en problemas actuales. Veo a pobres miserables perdidos en la vida por las malditas condiciones laborales y a nuevos magnates engalanados con los billetes verdes de carteras ajenas e individuales; los héroes de la calle se visten orgullosos con sus mantas y pocos ropajes, para ellos el mejor palacio es una caja de cartón, sin logotipos ni señales.
Se menciona la crisis como un importante dilema de cuestión internacional, todos con miedo de admirar los números rojos de nuestras cuentas personales, sin embargo, la gente olvida con facilidad los temas sociales, así pasa luego, claro, nos convertimos en monstruos ebrios de alcohol y mentirosas percepciones que disfrutan riéndose con una lapidación a base de monedas a unas necesitadas inmigrantes. Buscando falsas emociones, justificadas en el fútbol o los coches, nos sumergimos en la oscuridad interior que nos intuye ansiosos de nuevas malignidades.
Policías que enseñan la otra mejilla y silban en vez de pitar ante conflictos relevantes, grandes músicos que tocan en el frío asfalto porque no tienen más oportunidades, estudiantes de excelencia que se lanzan a las calles con huelgas y manifestaciones generales en busca del futuro perdido… más negro que las tarjetas black de los empresarios infernales. Todos estos curiosos seres que se agolpan en estos círculos interminables, más horrorosos incluso que los de Dante.

Un paisaje gris de ciudad empañado por un paraguas de contaminación sin igual, úlcera definitiva para una capa de ozono con fecha de caducidad, otra gran obra de la humanidad. Mi mortaja podría ser también una sábana blanca, pero enterrada en una fosa común entre poetas y bebedores de absenta, me disipo entre este surrealismo que tiñe todos los telediarios: soldados fantasma de una guerra mundial que se levantan y disparan contra los niños de la otra religión; políticos que no disimulan su arrogancia y luchan de forma deliberada por ocupar el trono de hierro; jóvenes ciegos y sordos inmiscuidos más en saber manejar Snapchat o Instagram que en conocer los clásicos literarios… y toda la fauna que habita en este planeta, junto a la flora, como un cáncer sin cura.
Ante tanta bomba y chaleco suicida, surgen los grandes salvadores, cuyo máximo poder es compartir un enlace o escribir ciento cuarenta caracteres en un mensaje para tranquilizar a las masas intelectuales; poderosos de la computadora que no saben ni lo que hacen… menos mal que fueron a caras y privadas universidades. Avenidas y parques, donde juegan los niños con sus padres, infestadas de posibles kamikazes, su color de piel ya es impresionante. Pero nadie se acuerda de los atentados y las guerras más allá de nuestras fronteras, sólo nos afecta cuando la cercanía se hace insoportable, porque, oye, por supuesto que seguimos siendo seres empáticos y racionales.
Y siento pena, mucha pena, mientras los gusanos me devoran las venas ante tanta mierda plastificada y con lazo que nos venden como si fuera el mejor regalo. Mujeres condenadas y esclavizadas por tallas y dietas, criticadas por reivindicar sus valores y emociones, mientras se confunden el feminismo y el machismo en la escala de las confusiones vigentes, sin verdaderas leyes y alabando la justicia poética, siguen siendo malos tiempos para la lírica. En este ataúd de terciopelo, me arranco el pelo y las uñas por la frustración de ser infravalorado, tal vez debamos hacer algo.

 

Seguimos en proceso de la concesión de la catarsis, algo que nos libere y perdone todos nuestros pecados, borrando de la bandeja de entrada todo el spam de nuestra alma abandonada. También somos griegos y romanos, en un combate infinito entre lo apolíneo y lo dionisíaco, dejamos hundir este barco. Yo reivindico mi libertad de expresión con estas palabras bastante pretenciosas que reflejan mi rabia ante tanta hipocresía mundial, pero, como ya he dicho, he muerto para morir de tanta sociedad, me gusta más esta gélida soledad.

Esto, señoras y señores, yo lo llamo tragedia, el más pésimo de los dramas porque nosotros somos los protagonistas y sin saberlo, ni ante notario o firma de testamento, estamos cavando nuestra propia tumba… seguimos escribiendo la obra de teatro hasta que el final sea desesperado y mal terminado, como en una sentencia de muerte, ni puntos finales ni puntos y aparte.

 

Por: Almudena Anés (Escritora de Letras & Poesía) 

https://historiasdel98porunadel13.wordpress.com

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