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Intento mirarte muchas veces a los ojos, pero siempre terminan resbalando desde el cristal de tus gafas hasta las letras desenfocadas de mis libros de poesía. No tiene sentido hablar contigo, tus palabras son un silencio constante en el sonido continuo e irrefrenable de la normalidad en la sociedad. Pienso en mi mente mil nuevas formas de llegar a conocerte pero siempre me quedo en la primera página de tu historia, es difícil comprenderte.

Tú, que eres oscuridad en medio de una habitación iluminada, hablas con la boca cerrada, a través de tus ojos, dos agujeros negros y profundos. Evitas mi mirada y no sonríes cuando yo lo hago, mi existencia se desliza como un molesto bicho en tu ventanilla, incluso diría que los insectos significan más para ti que lo que yo nunca lo haré.

Y me he dado cuenta con el paso de los años, tras nuestra última conversación a gritos y portazos, que es tarde para remediar los errores del pasado. No pediré perdón por ser yo misma porque aprecio más mi libertad de personalidad que tu extrema arrogancia al pensar que finalmente cambiaría por ti. Tú, que alzabas la voz para defender la mía; tú, que luchabas todas mis batallas; tú, que respirabas el humo de mis cigarrillos… Tú.

Podría volver atrás con tan sólo hacer una llamada, tú dirías que también lo sientes, lloraríamos un poco sin estremecernos el corazón y, finalmente, alguna de las dos colgaría despidiéndose con un vacío hasta mañana. Soy mejor que los mensajes que se desligan de mi teléfono, valen más mis acciones que todas las palabras que pueda decir o escribir en un cuaderno de tapas duras… Yo.

Tal vez ese es el problema, que todavía existe en nuestras respectivas atmósferas un tú y yo que nos está desgarrando las entrañas. Sin embargo, he llegado a entender que todos tus recuerdos ya son fotos desordenadas y carentes de significado de un álbum que no volveré a abrir; que tus canciones ya no forman parte de la banda sonora de todos mis domingos de invierno; que tu cara está rota en muchos pedazos de papel…

Porque tú has sido mi tierra.

Fuiste el suelo donde todas mis esperanzas se sostuvieron, donde esperé pacientemente hasta la primavera a que florecieran mis recompensas después de haber estado años sembrado en tu tierra yerma y árida mi trabajo, mi esfuerzo… mi alma. Pensando que serías fértil y oscura, puse todas mis semillas y ninguna me dio ningún resultado. Solamente raíces podridas crecidas y arraigadas, como en una jaula, en el lado izquierdo de mi pecho.

Porque tú has sido mi humo.

¿Cuántos cigarrillos compartimos aquellas noches pasadas por agua de otoño? Recuerdo el humo azul revoloteando a nuestro alrededor, en un ambiente del espacio exterior o de naturaleza sideral, inmersas en la fluctuación de las llamas fatuas de nuestros mecheros antiguos de gasolina. Quemé todos los cimientos de nuestro edificio y así terminamos, consumidas por nuestro propio fuego.

Porque tú has sido mi polvo.

Tiñendo mis sábanas limpias y blancas de tu sangre y tóxica presencia, sólo volvió el olor a tierra mojada tras tu repentina ausencia. Suciedad que eres, y eras, te esparciste por todos los rincones, tejiendo una telaraña que todavía hoy dura y se adhiere a mí como un veneno mortal y placentero del que, sinceramente, no quiero escapar.

Porque tú has sido mi sombra.

Ni los fantasmas ni los espíritus malignos son tan misteriosos como tú, reina de los espectros ausentes. Te escondiste en tu oscuridad, en tu noche eterna, y no me dejaste rescatarte rompiendo las ventanas, tuviste que sacar un foco de luz intensamente fugaz y fulminarme con tu odiosa mirada. Sí, porque ni las sombras en escultura son tan traicioneras como el doble filo de tu navaja.

Porque tú eres mi nada.

Ya no hay sitio en mi vida para aquel que me mata, ni te invito a mi funeral ni puedes derramar mis cenizas en tus lágrimas saladas. No llores nunca más en mi nombre porque tú no existes ni en vida ni en muerte… ya no… Eres indiferente. Y por eso me has hecho tanto daño no siendo honesta con la verdad, intentando ser abogado y verdugo, condenaste al reo equivocado.

Yo que no soy cielo, aire, materia, luz, todo.

Tú que eres tierra, humo, polvo, sombra, nada.

Tú y yo…

Sólo tú.

Por: Almudena Anés (Escritora de Letras & Poesía) 

https://historiasdel98porunadel13.wordpress.com

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