Violencia visual

Luces de Neón 2

Aprendí para no saber nada, caminando sobre mis propias llagas provocadas por las brasas de la incertidumbre y la duda. Con los pies doloridos y un alma cansada, ordeno los mapas de carretera y las cartas astrales donde mi destino es una autovía de un solo sentido en mitad de ninguna parte. Demasiado peso en una mochila vacía de recelos y viejas sospechas y la compañía silenciosa de mi sombra y la inseguridad de todos los días.

Aprendí de los mejores para no tener memoria ni un cerebro con retentiva… Supe dibujar, cantar, bailar, pintar, escribir, reír o llorar, haciendo de mi vida un arte que no comprendía y dejando huecos desiertos de conocimientos bohemios de supervivencia a la realidad que nos contextualizaba en el margen izquierdo y quemado de la página de aquel cuaderno que tiré junto a todos mis poemas y recuerdos.

No sé si encontré mi forma de expresarme en el lecho de aquellas musas tan hermosas que olían a sexo y miel, sólo me divertí y pasé una noche a la luz de una vela y escuchando como nana, el tecleo de una máquina de escribir. Ahora todos pueden hacer lo que sea, la materia y el amor son dúctiles y manejables, únicamente con una buena cámara o el modo en automático de mi móvil de última generación, ¿verdad? Porque, en el fondo, seguimos confundiendo querer con amar.

¿Qué fue de la creatividad y el talento natural? Podría responder pero estoy demasiado ocupada en mi cadena de montaje particular, convirtiendo mi visión en una percepción con etiqueta para el mejor postor, el dinero es lo que importa en este comercio mortal hacia la eternidad de un arte que jamás debió ser revelado.

Me desfiguré en lo que la sociedad me dictaba, y no en los deseos de mi corazón. Luché contra las tallas imposibles y los consejos de los perturbados con bata. Alcé mi lienzo atravesado por las llamas y los clavos contra los ataques inexistentes e inventados de mí mismo contrario, otro de igual reflejo y mi peor enemigo. Comí hasta reventar mi estómago y, entonces me acordé de los motivos y las razones que me llevaron a estar aquí, desafiando un vendaval romántico y tenebroso hecho para espíritus desesperados o kamikazes no diagnosticados.

No sé si sobreviví o me quedé por el camino, pero desde luego aprendí, y mucho de esta cultura subversiva y dañina que tanto me consume y rodea. Ahora mi vida es el túnel cuyo final no podré jamás contemplar antes de entrar, las cosas vuelven a su sitio y mis células de ADN se regeneran con la excusa de renacer y ser libres, condenadas a decidir.

Mi porvenir es misterioso, repleto de incógnitas y nuevos retos, la humanidad tendrá que prestarme a veces su apoyo, no será un camino fácil, tampoco me rendiré. Y haré lo que me dé la gana, con gente o sin ella a mí alrededor, el éxito, la tragedia o la muerte me visitarán algún día como fieros guardianes y vigilantes del otro lado cuyo acceso está vedado para los que son suficientemente valientes para manifestarse o gritar de alegría y emoción.

Serán vuestras pupilas o todas las fotografías de aquellos que mueren en las imágenes en negativo de sus almas las que más me ataquen en las noches de tormenta, con la belleza sideral de un cielo despejado detrás de la tempestad como máxima violencia.

Por: Almudena Anés (España)

historiasdel98porunadel13.wordpress.com


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