Calibrar el alma es proporcionarse asfixia:
nadie sabe de ella
que está escondida
como la voz en el ruido,
luego la hostigan,
sin entenderla;
nuestro pensar es enemigo:
ella se esfuerza,
siente y ruega
por hacerse hueco,
por tener testigos.
Nadie la atiende
y marginada,
se escapa
y nadie sabe donde se va,
pero allá donde marche,
que marche en calma:
ella trató de vencer la costumbre
y el hombre la trató de esclava.
Por: Joan Aniorte (España)
instagram.com/joananiorte
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