El héroe
no es quien dice serlo,
no es quien se jacta
de su dinero.
No es el que da patadas
a un cuero.
No es el bueno
de la película de vaqueros,
ni el que habla
en el congreso.
Tampoco es la dama
del caballero,
ni el que calla
lo que es cierto.
No es el joven guerrero
que reclama
la batalla
sin haber salido al ruedo.
No es el perro
que ladra
al anciano ciego.
No es el que llama
«gamberro»
al que tiene distinto credo.
El héroe es
el que pierde lo que ama
y mantiene la esperanza,
aceptando sin recelo
lo que la vida le depara
con dignidad y templanza.
Es el héroe verdadero.




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