Autores Jordi Cabré Carbó (España)

El infierno

Esperaba sentado, como todo el mundo, detrás de una interminable cola de sillas, que se movían muy de vez en cuando. Por fin, después de largos días de ansiedad y temores, le tocó el turno. Como había visto a su predecesor, se sentó en otra silla más confortable de color rojo, en la que un cartel rezaba que iba a ser trasportado al infierno.

Cuando llegó a su destino después de un largo trayecto,se encontró para su asombro y confusión,  que aquel lugar era precioso y encantador. El paisaje era llano recubierto de césped  y a unos cincuenta metros divisó una pequeña casa . En la puerta, una hermosa mujer sin apenas ropa, le sonreía sensualmente. Jamás hubiera sospechado encontrase un lugar como aquel, donde se suponía era de castigo, debido a su mal comportamiento en la tierra por su desmesurada codicia, avaricia y maldad. La temperatura ambiental era excelente. Se encontraba de muy buen humor y muy reconfortado por aquella apetecible visión y más después de haber sufrido para llegar un temeroso y largo viaje.

Cuando se disponía a dirigirse al encuentro de esa adorable joven, vio detrás de si, una casa más elegante, con una mujer más bonita aún que la que tenía delante. Se levantó de su silla y dirigió sus pasos hacia aquella nueva casa. Anduvo y anduvo largos días muy calurosos pasando mucha sed, hambre y frío. Jamás hubiera imaginado al llegar exhausto, que al divisar la casa que aparecía a escasos metros, estuviera en realidad tan lejos. A unos diez pasos de aquella mujer que le sonreía y le hacía gestos para que se acercara, se dio cuenta que no podía seguir andando. Sus pies no le obedecían y solo lo hacían en dirección a un nuevo camino detrás suyo . Miro y vio que a unos escasos metros, las dos mujeres más hermosas que jamás había visto nunca, esperaban en la puerta de una gran mansión y le hacían señas con las manos para que se acercara. A  partir de ese instante, su estancia en aquel lugar, se convertiría en un bucle sin fin, donde las casas y las mujeres se le aparecerían sin parar, pero que después de tener que recorrer penosas y largas travesías para llegar, no podría jamás acercarse a ninguna de ellas.

Por: Jordi Cabré Carbó (España)

jordicabre-33.blogspot.com.es


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