El último en ser elegido

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En el orden del día del sistema educativo vigente siempre se encuentra empequeñecer a los estudiantes, qué valiente por su parte.

El potencial de un alumno, si no es demostrado en todas materias, es como si no existiese. ¿Acaso puede ser una persona excelente en todas las destrezas a las que debe enfrentarse? Y sí, hablo de enfrentamientos. Enfrentamientos que se establecen cuando la destreza lucha con la más fuerte de las pértigas y el alumno tan solo cuenta con las ganas -cada vez menores- de aprender. ¿Aprender? ¿He dicho aprender? Debería de decir aprobar. Al fin y al cabo, es lo que el sistema educativo busca: más aprobados, menos emprendimientos. El aprendizaje sigue siendo sinónimo de emprender nuevos trayectos con asesoramiento previo, de la revolución de un pópulo que lucha por condiciones más solemnes y, cómo no, de desear absorber cuantiosas informaciones para fabricar una opinión propia sobre cierto asunto. Aprobar, sin embargo, se asemeja más a masticar aquello que otros ya han fabricado y, sobre todo, a aceptar lo que nos narran sin comprobar su veracidad.

La verdadera disputa entre el alumnado y el sistema educativo puede hallarse en el momento en que las dificultades son más destacadas que las propias habilidades. ¿Por qué pudiendo caminar por el sendero más factible deseamos buscar caminos empedrados? Lo razonable sería potenciar las habilidades del que las posee, ayudar a brillar con más intensidad a aquel que puede hacerlo. ¿Por qué empeñarse en buscar ayuda externa para hacer que el alumno sea sobresaliente en algo en lo que ni siquiera es notable? Si el alumno tiene facultades musicales, dejémosle soñar en soledad. Quizás algún día pueda labrarse solo su futuro pero bajo ningún concepto debemos de felicitarle, si lo hacemos… probablemente dibuje castillos de arena en su interior. Si el alumno es incompetente en Matemáticas, mejor busquémosle un profesor particular para que se esfuerce hasta que carezca de aliento, hagamos que pase del cinco al ocho con esfuerzo… porque el esfuerzo es la clave. ¿El esfuerzo? ¿La clave? ¿Desde cuándo aprender lleva consigo la palabra esfuerzo? Aprender no es esforzarse sino querer hacerlo y no supondría sacrificio sino ganas y/o felicidad. Aprender, amigos míos, es disfrutar.

Todo lo mencionado anteriormente me recuerda a alguien. Solía tener un amigo que nunca supo apreciar su potencial. El sistema educativo y la sociedad le habían hecho crecer creyendo que no tenía, que era el más tarugo del lugar. Ese amigo mío del que os hablo destacaba en la mayoría de asignaturas, en la mayoría menos en una. Amaba ir al colegio pero cuando tenía que dirigir sus pasos hacia el gimnasio del mismo, le temblaban las piernas. Odiaba el deporte, más concretamente, los deportes de equipo. Todo se coloreaba de un color renegrido cuando tenía que saltar a la comba o dar una voltereta pero cuando la actividad propuesta para aquel día era la carrera de sacos, todo comenzaba a oler a chamusquina. Era el último en ser elegido, nadie quería que estuviese en su equipo porque simbolizaba una inminente pérdida. La profesora conociendo sus excusas, le regañaba cuando él fingía estar lesionado y le arrojaba de nuevo hacia la indiferencia de sus compañeros. Destacaba en todas las asignaturas menos en esa, sin embargo, nunca se le hablaba a sus padres de la relevancia de su ingenio e imaginación sino de la torpeza y descoordinación de sus movimientos.

El último en ser elegido no creía tener potencial, ellos habían hecho que así lo pensara. ¿Tanto cuesta aceptar que no puede alcanzarse la excelencia en todos los ámbitos? ¿De qué sirve consolidar algo que apenas está solido si lo único que puede conseguirse es desproteger lo verdaderamente arraigado?

Recuerden, que algo sea pulido hasta la saciedad no significa que se convierta en grandioso. Dejen de pulir aquello que no destaca por sí solo. Todos somos luz, tenemos potencial y podemos brillar, tan solo necesitamos que alguien nos lo mencione de vez en cuando o, al menos, que abrillanten aquello que siendo salvaje cuenta con esencia propia.

Por: Laura Gómez Lomeña (España)

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El sistema educativo enseña, pero también domestica.
    Tenemos que ser como las ovejas, que todas siguen a la primera.
    Es el sistema…

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