Heridas

Y nos dejamos ir, como quien posee el tiempo y tiene el privilegio de capturarse para volver.

Y nos dejamos hundir, porque era mucho más fácil dejarse ir que combatir.

Y corriste en la dirección contraria en la que yo caminaba, despacio, pie firme.

Y huiste, y me perdí.

Perdí el rastro,

perdí el hilo.

Perdí las ganas de combatir el mundo

porque ahora a solas era todo mucho más abrupto.

Huí del camino y encontré el vacío de todos los que se han marchado

sin nada, sin alma.

Caminé en vida, y caminé casi en muerte

buscando tu estela,

tu ayuda.

Pero las personas son ida y venida

y miles de combinaciones.

Y entendí, entonces,

que anclarme cual barco a la deriva

en medio del océano

no devolvería  a mi vida la luz

que tu me habías concedido.

Entendí, que para todo el mundo

somos nosotros

y luego el mundo.

Pero yo,

yo estaba dispuesta a conceder mi yo al mundo

por tal de que caminásemos

a un lado

o en medio

o juntos.

Comprendo, ahora,

que no depende de mí,

sino de la ruleta del destino;

que en nuestras vidas

habrá personas que perpetúan el tiempo

y otras que será el propio tiempo el que las perpetúen.

Por: Noviembre Violeta (España)

noviembrevioleta.wordpress.com


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