Ellos no entienden.
Ninguno entiende nada.
Solo miran, hablan y se van.
No entienden y se van.
No entienden y hablan.
No entienden y justo por eso, solo miran.
Y se van.
Veo a sus hijos preguntar
y ellas les contestan: cuando crezcas lo entenderás.
¿Por qué no les explican?
Que yo aunque también soy solo una niña
ya lo entiendo
porque lo vivo
porque lo siento
porque me quedo y nunca me iré.
Tienes que vivirlo para entenderlo.
La vida solo es vida cuando fluye por tus venas.
No afuera de ellas.
Es cuando lo sientes.
Porque no solo la miras correr fuera de ellas
como la última locura del noticiero.
Sino que la sientes porque era uno de los míos.
Vienen los soldados
y dicen que esto es un infierno.
Vienen los periodistas
y dicen que esto es una desgracia.
Vienen los turistas
y dicen que esto es un basurero.
Y yo no vengo.
Nunca vine.
Porque aquí es donde vivo,
donde nací
y de donde provengo.
Esta es mi casa.
Esto es Hebrón.
Sí, apenas soy una niña
pero ya lo entiendo.
Que esto no es un infierno
no es una desgracia
ni siquiera un basurero.
Esto en realidad es mi casa
mi país
y mi gente.
Esto es lo que soy.
¡Esto es Palestina!
¡Y es mi vida y mi corazón!
Y bien vale la pena luchar por todo esto.




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