Dogma de sonrisas

Hoy leí sobre el síndrome de la silla vacía, ese sentimiento de falta que tenemos en navidad ante la ausencia de seres queridos. Y me lo he replanteado. Porque hasta hoy no he sabido darle nombre a toda esa congoja, esa presión en el pecho, ese sentimiento de falta, ese pesar al que el término alude.

Y es cierto. Parece como si ruedas que caen por cuestas y rampas y montañas y barrancos cayésemos y llegáramos a la navidad. Llenos de emociones, de dolor, de penas, de tristeza, de alegrías, de logros y pérdidas, pero sobre todo, de recuerdos. Y es que esto último es lo que más nos martiriza. Quizás la vida sea un duelo con los recuerdos, quizás la vida sea el jugarnos la piel en sonreír o emocionarnos con lo que somos capaces de recordar. Quizás, la vida, sólo sea un juego en el que tenemos que averiguar cómo conseguir el máximo de días en el que sonriamos. Pero llega navidad y la sonrisa se entremezcla con la melancolía. Y es tan absurdo como real, el hecho de necesitar con nosotros a quienes más hemos querido, el recordar años pasados, el pensar en quienes hemos dejado en el camino. Camino que, como digo, confío que únicamente es para sonreír. Y que quizás por eso rebosemos de melancolía y tristeza en fechas tan aparentemente entrañables, familiares y felices. Porque necesitamos recordar los momentos en los que hemos gozado de tales sonrisas, aunque esto vaya irremediablemente ligado a las veces que hemos llorado.

Y me llevo la mayor parte de la tarde del día de navidad pensando en cómo, por qué y para qué estamos en este mundo. Y no puedo evitar reírme, porque son las claves sobre las que se rige cualquier religión o dogma. Siento, de este modo, que aunque la religión plantee estas cuestiones, ni siquiera la mayor entidad dogmatizadora del mundo es capaz de dar respuestas.

Y pienso, de nuevo, que es mucho mejor resolverlo todo con la necesidad de sonreír y acumular felicidad. Pensémoslo por un momento, si viniésemos al mundo a únicamente sonreír ¿no cambiaría nuestra concepción de lo que somos y queremos ser?

No sé por qué, pero ahora mismo, la serie de tópicos latinos que nos han acompañado durante siglos y que incitaban a la vida fugaz, efímera e intensa tienen mucho más sentido para mí que nunca.

Quizás, como digo, no se trate tanto de cómo o por qué hemos venido al mundo, sino para qué. Y que este para qué sea únicamente el disfrutar de cada segundo que corra en un reloj que ni siquiera tengamos colgado de la pared, un reloj que ni siquiera tenga minutero, un reloj al que no prestemos atención.

Por: Noviembre Violeta (España)

noviembrevioleta.wordpress.com


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. La melancolía de las fiestas llega para instalarse, a medida que pasan los años se siente más fuerte. Quienes tenemos niños en la familia, sabemos que… “los dueños de la fiesta son ellos”. Porque ellos sí que la viven como una gran alegría, cada fiesta es una novelería total y absoluta.

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