“Pero por breve tiempo, hagamos nuestros los hermosos cantos”

Aún el hombre más valiente aunque lo niegue, le teme. Y es que el tiempo es una marea que nos arrastra despiadadamente por un túnel oscuro y que a tientas vamos descubriendo, en el cual lo único que tenemos asegurado es su final.

Mundanamente lo dividimos en tres partes: pasado, presente y futuro. Lo único certero es lo que vamos dejando atrás a nuestro paso, iluminamos nuestro túnel con recuerdos, a esto le nombramos: pasado. El aquí y ahora es presente, pero me atrevo a decir que este no existe, porque cuando lees la palabra presente ya es pasado, incluso el cerebro tarda milisegundos en captar lo que sucede a nuestro alrededor y que percibimos a través de nuestros sentidos. ¡Y qué decir del temible futuro! me lo imagino como un personaje alto, misterioso, robusto, con gabardina de detective, gafas oscuras, sombrero, siempre ocultando su rostro, con un aire de misterio; a él le tememos, porque todo en torno a él es oscuridad. Y al final del túnel, después de todo ese viaje que llamamos vida, está la muerte. Esperándonos, sentada fumando un cigarrillo, observando nuestro efímero viaje a través del tiempo. Ya lo decía Borges “La muerte es una vida vivida, la vida es una muerte que viene”.  

Esa es la pequeña pero gran diferencia entre un animal y nosotros como seres humanos, y es que nos sabemos mortales. Por esta razón desde el principio de la historia los seres humanos buscamos una manera de contabilizar y medir al tiempo, que nunca regresa, y como no retorna, por obviedad no debemos desperdiciar ni un poquito de ello.

Entonces nos aventuramos a encerrarlo en una pequeña caja que nos va marcando segundos, minutos, horas, y así creemos que lo hemos vencido, que lo podemos manipular a nuestro antojo; Lo cierto es que él es quien nos manipula a nosotros, y se burla, ríe por nuestra ingenuidad. Cortázar en su libro Historias de cronopios y de famas, nos dice que cuando nos regalan un reloj creemos que nos ha obsequiado un presente útil para nuestra vida diaria, cuando al contrario, nosotros somos los regalados al reloj, ya que seremos sus lacayos, y estaremos pendientes de él a todo minuto, que le obedeceremos cuando de una determinada hora para acudir a algún lugar, que lo limpiamos y lo atamos a nosotros como una nueva extensión de nuestro cuerpo. Nos han obsequiado un pequeño infierno florido.

El título de este texto pertenece a un poema anónimo azteca, que dice así:

No es verdad que vivimos

no es verdad que duramos

en la tierra

¡Yo tengo que dejar las bellas flores,

tengo que ir en busca del sitio del misterio!

Pero por breve tiempo,

hagamos nuestros los hermosos cantos.

Entonces… ¿Qué nos queda? -me pregunto- Vivir -responde el inconsciente.

Por: Ana María González (México)

twitter.com/anamgr13


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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. disfrutar lo que se nos presente dia a dia gracias por compartir

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  2. lucyzamora dice:

    Me encantó tu reflexión, gracias. La ambigüedad del tiempo dibujada perfectamente.

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  3. Fabuloso!
    Me gusta mucho la forma de abordar el tema del tiempo.

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