Territorio perdido en las profundidades
de tu piel.
La lluvia por fin ha hecho su acto de presencia
en la seca tierra,
y los peces han emergido,
inquietos,
danzando al compás de la corriente.
Manto verde cubierto de blancas estrellas,
todo palpita,
vibración primigenia.
Entrelazados como las raíces
y ramas de un enorme árbol milenario.
Graznidos de aves,
zumbidos de abejas.
El sonido del amor resuena
y los manantiales se llenan.
Las noches de vigilia,
ahora,
de dulces y profundos sueños
son serenas.
Arropada por tu esencia,
consumida por tu fuerza.
Grandiosos senderos hemos caminado,
montañas de dicha hemos coronado,
y bajo nuestros pies
los hilos de luces nuevas nos esperan.
Gracias por tu presencia
en este viaje a una nueva conciencia.
Gracias por cobijarme con el umbral
del alma,
por ser parte de mí,
una extensión que me complementa.



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