Esto que nos ha venido pasando desde que tu mar llegó a mi orilla me ha dejado a mitad de la noche abrazada a tu recuerdo: Y ojalá que toda una tarde –o toda una vida- me quedase contemplando las lunas de tus ojos, buscando estrellas en cada recoveco de tu cuerpo.
Un invierno que se anunció taciturno, te ha mirado a los ojos y me ha declarado la guerra. Y me he dejado vencer.
Es la revolución de tu llegada triunfal a mi vida a la que, cobarde, he tenido que asentir. Sentirte mía -aunque éste sentido de pertenencia sea más mérito tuyo que mío-.
Son tus manos las que se dejan acariciar por mi cuerpo y es tu beso el que me palpita. Al alba, es el viento que baila contigo para borrar mis huellas y me deja hambrienta, insaciable, con la mano aún en el sexo, temblando en tu ausencia.
Es este mar en calma que mece mis sueños cuando te marchas y la suerte se me escurre entre los dedos, y todo se resume a aguardarte en silencio.
Entonces lo entiendo: Hacerte el amor ha sido la peor de mis suertes, y mi alma de tahúr sigue apostándole a tu cuerpo.
Por: Andrea Canabal (México)
instagram.com/andreacanabal
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