Nada

Ahora que he aprendido a reprimir las lágrimas las heridas en mi corazón han cicatrizado y ya no duelen, y se han disipado las ganas de llorar, puedo sentarme, serena, frente a un papel en blanco y, lápiz en mano, dejar que mi corazón la guíe y dicte las palabras que grita mi alma.

Las personas cambian y nosotros no hemos sido una excepción. Pero en esencia siguen siendo las mismas, salvo quienes se convierten en completos desconocidos, casi extraños.

En todo este tiempo he madurado y crecido como persona. Han aumentado mis virtudes pero también mis defectos, incluso algunos han empeorado. Pero nunca he dejado de ser la niña que fui: rebelde, romántica, descarada, alegre, con un toque impertinente y, a pesar de todo, feliz;  y ahora también sé que valiente.

Pero a la par tú también has cambiado y te has convertido en un completo desconocido para mí. Tu ambición te llevó a luchar por tener una vida mejor y eso era bueno y admirable. Hasta que te olvidaste de vivir, hasta que te olvidaste de mí; hasta que esa ambición se fue transformando en un oscuro monstruo que te fue engullendo poco a poco, hasta devorar tu esencia. Siempre querías más, mucho más: más dinero, una casa mejor, un coche mejor… alguien mejor. Quizás la culpa fue mía por no querer saber ver que tarde o temprano yo también dejaría de ser suficiente para ti, que terminaría siendo poca cosa para alguien como tú; hasta convertirme en nada. Y así, entre desprecios, soledad y silencios mi amor por ti también se fue desangrando hasta morir.

Y ahora puedo decir sin remordimientos ni culpabilidad que ya no siento nada, absolutamente nada. Sólo una vocecita en mi recién reparado corazón que me dice a voz en grito que en algún lugar y tiempo habrá alguien para mí. Alguien que me amará como tú no supiste olvidaste hacer y a quien yo le entregaré mi luz, alguien para quien yo seré su prioridad. Que me acompañará en los buenos y malos momentos y a quien jamás dejaré de lado cuando las cosas se tuerzan; pues en eso consiste el amor,  en lo bueno y en lo malo. Alguien que enrede sus manos en mi pelo y me bese con pasión, que me haga el amor cada noche como si fuera la última vez y que sea capaz de encender mi sonrisa cuando en mis ojos asomen las lágrimas. Y alguien a quien le regalaré mi sonrisa cada mañana y acunaré en mis brazos cada noche. Alguien que no serás tú.

Por: Mabm (España)

haciendomagiaconpalabras.wordpress.com


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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Marisa dice:

    Preciosa y sincera carta. Enhorabuena

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