Retales Alternos (I)

A veces, era necesario hacerse un recordatorio del pasado por ello se encontraba leyendo sus antiguos textos. Aquellos que nacieron bajo el amparo de la más cruda de las realidades y siguen plasmados en aquella libreta. No pudo evitar no detenerse en uno en concreto; titulado El Exilio.

Ellos comentan, opinan cómo sí te conocieran. Creen saber de ti, ¿cómo no van a saberlo?. Ellos son expertos tramoyistas, no recuerdan el tiempo entre bambalinas y sólo saben actuar con naturalidad. Ah, son víctimas de su propia obra, lo sentiría sí me importara la verdad… Pero esto no les para, seguirán hablando pues necesitan una comidilla.

El problema no es que hablen, no, sino que opinan e incluso los insensatos van más allá, quieres que les tengas en cuenta. Qué les hagas caso, porque ellos son señores de la vida y saben de todo… Lo mejor, que creen que te conocen. ¿No es divertido?.  Ellos tan expertos en fingir y jugar a un juego que no entienden; no saben reconocer a un verdadero jugador. Pero esa es la chispa que diferencia al aficionado del vencedor.
Es por ello que, el que sabe vencer disfrutra del proceso, de la versatilidad de las variables y de la recreación que supone que los inexpertos te regalen lo más valioso que tienen, su tiempo. Porque esa es su mayor pérdida, cada palabra dirigida con doctrina hacia ti, cada pensamiento impío creyendo que te están embaucando a su terreno… no es más que una donación al vacío de su tiempo. Porque es su sinvivir de no saber dejar a su aire a un alma errante, lo que hace que tu libertad sea deliciosa pues en el fondo a ti te la sopla su estúpida pataleta. Ya cuando la cosa comienza a ser neuronalmente insultante, cortas la conversación sabiendo que ese gesto de retirada consagrada les hace empezar de nuevo, hablar de ti. Nuevamente de ti, porque eres libre y te tienen miedo. No te despides con la fórmula que esperan, un simple: ´´No sé que parlas… no te he pedido que te metas´´ y ya estarás de nuevo en la condena.
Sigues a lo tuyo, porque lo único que sientes es la pérdida de la humanidad en cada ser que existe de esa índole, pero se pasa rápido. Tienes algo más importante que atender. A ti mismo. No tienes a penas con quién ( por no decir nadie), que poder dejar totalmente la pesada máscara porque has aprendido que sólo te tienes a ti mismo y sólo tú eres tú más leal consejero. Y es por ello que te quedas paciente, con demasiado tiempo para ti, con demasiado que cuestionarte, mientras los otros siguen hablando de ti creyendo que te conocen… Creyendo que saben verdaderamente que hay en ti, y lo mejor creyendo que saben que es lo más indicado.
Te planteas sí alguna vez habrá alguien que sea capaz de ver a todo tu tú y sonríes inocente, porque sabes que la vida no puede ser tan puta cómo para presentarte a alguien así, a alguien que sepa cuando estar en el momento y en los tiempos precisos, cuando verdaderamente importa. Sin necesidad de figurar. Te ilusionas ante la idea de que de verdad pueda haber alguien así y luego… ladeas la cabeza. Porque vives en el exilio, estás sólo, sabe que lo estás y sabes que estás bien; porque no hay nada peor que estar sólo en compañía y la idea de que puedas estar en compañía es tan optimista que la propia vida te ha enseñado que eso no es posible… A no ser que decidas pasar de los imposibles a lo real. Entonces, ya no sólo hablaran de ti, sino que te decapitarán.
Enhorabuena, hagas lo que hagas seguirán hablando de ti.
Lee una y otra vez aquellas palabras, pertenecientes a su libreta o como a ella le gustaba llamarlo: Retales alternos. Retales porque eran trozos de su historia y alternos porque no todos habían quedados plasmados. Era una especie de biografía codificada que tristemente, seguía estando vigente. Después de cuatro años,  eso no había cambiado.
Pocas cosas realmente lo habían hecho, ahora que se paraba a pensarlo. Sintió como su corazón se aceleraba y su mano temblaba. Había estado demasiado tiempo aislando a ese otro yo del pasado que ahora, no sabía si estaba preparada para hacerle frente.
Hoy no tenía ganas de averiguarlo así que metió sus retales alternos en el primer cajón que pilló; porque para reencuentros siempre había tiempo.

Por: Verácida (España)

catarsisneuronal.wordpress.com


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