¿Libertad?

Actualmente cuando se habla de temas como la homosexualidad, el feminismo, el machismo, etc. se abre un debate sin fin, todo el mundo dice tener la razón, las afirmaciones se enredan hasta crear un nudo que tensa la cuerda, sin llegar a ninguna conclusión. En nuestro afán de creer tener la razón cometemos el error de hacer de nuestras opiniones verdades. Considero que la verdad en este tipo de temas no existe, porque cada quien construye sus ideas a partir de su realidad, cada quien hace su verdad de acuerdo a su realidad. Es a partir de mi realidad que hablaré sobre la libertad. Partiendo de la libertad de la mujer.

Virginia Woolf en una habitación propia (1929) sentenció:

Porque yo creo que si vivimos otro siglo… y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos… hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.

Han pasado 88 años y me pregunto: ¿nos hemos acostumbrado a esa libertad? O más bien, ¿realmente somos libres?

En el año 2017, siglo XXI (la era de la información) me atrevo a decir que muchas mujeres tenemos el privilegio de contar con esa habitación propia de la que hablaba Virginia. Hoy en día, internet es el medio que muchos utilizamos para expresarnos sin temor alguno. Sin embargo, no todos gozan de este privilegio, pienso en Malala Yousafzai y en Pakistán; en Corea del Norte y su gobernador Kim Jong-un; o en las regiones de mi país en las que aún no llega la red, ni la educación.

Es en estos lugares en donde oigo resonar la palabra libertad como un anhelo, como un sueño que se consume. Y pienso en la mía. En la libertad de la que Virginia hablaba.

La RAE define la palabra libertad como «Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos». Existen algunos tipos de libertad como la libertad de expresión, prensa, elección, religión, pensamiento, sexual, expresión, entre otras.

De todas estas, la más importante para mí es la libertad de pensamiento, la cual es la que conduce al hombre a obrar de alguna manera u otra. Aquella mente que no está sujeta a dogmas y puede cuestionar todo lo que observa es capaz de decidir cómo debe actuar. Es a partir de la libertad de pensamiento en la que puedo ser libre aun cuando me encuentre encerrada físicamente.

Ahora bien, imaginemos a una familia que va a un día de campo. Es un espléndido día, el sol brilla, los pájaros cantan, el olor a tierra fresca invade los pulmones. Los pequeños juegan mientras que las personas mayores hablan sobre la guerra. Hay una pareja de niños y otra de niñas, los cuatro juegan tranquilamente, corren uno tras de otro simulando ser aviones, a alguno de ellos se le ocurre trepar un árbol para ver más allá de lo que pueden ver en el piso, así que los cuatro empiezan a trepar, pero llega un adulto y baja a las niñas diciéndoles que ellas no pueden subir porque se pueden lastimar, así que a ellas les toca observar como los dos niños ya están arriba. Más tarde, una de ellas quiere jugar fútbol pero tampoco le dejan porque ese juego es de niños, que son brutos, y las niñas deben jugar a las muñecas, porque ellas son delicadas. Años más tarde, ya adolescentes, los hombres salen a la calle para divertirse, y las mujeres quieren salir… pero se topan con una escoba.

Una de ellas se da cuenta que no es tratada igual que ellos, así que va con sus padres y les comenta su sentir. Esta acción va en contra de una frase que le había perseguido toda su vida: “las niñas calladitas se ven más bonitas”. ¿Qué es lo que responden los padres? La respuesta es obvia “Ellos pueden salir porque son hombres y tú como mujer, allá afuera corres muchos peligros”.

Es cierto, estamos expuestas a un sinfín de peligros, la vida no es color rosa. Pero esto no quiere decir que los hombres no estén expuestos a ello simplemente por ser hombres. La sociedad educa a un niño diciéndole que los hombres son fuertes, mucho más que una niña, este crece creyéndolo, así como una niña crece con la creencia de ser más débil. Es aquí en donde se debe poner en práctica la libertad de pensamiento ¿Qué pasaría si toda la vida creo firmemente en lo que me han dicho? ¿Es cierto que soy más fuerte o más débil? Soy libre de ponerlo en duda y retar a las personas que me lo han dicho.

La mujer del ejemplo anterior reta a sus padres y sale a la calle. ¿El resultado? Se topa con el acoso, hablo de esos “piropos” de mal gusto y las miradas que hacen sentir agredida, y ella piensa que no es un objeto y por lo tanto no existe para satisfacer a nadie; también se topa con la violación, con gente que no la apoya, excusando que ella fue quien provocó al agresor; con una sociedad que le grita: “¡puedes ir a la escuela y votar! Deberías estar satisfecha”. Cansada de todo esto, busca al culpable y le dicen “¡patriarcado!”. Y yo quisiera decirle a esta señorita “sobreprotección y falla en la educación”.

Cualquier ser humano debería disfrutar plenamente de su libertad sin miedo a lo que ocurre fuera, considero que esto se conseguiría si se educa adecuadamente. En lugar de decir: “a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa” por qué no mejor decir: “a ninguna persona se le pega, ya sea hombre o mujer”. Sembrar la semilla del respeto ante todo. Dejar que una niña juegue igual que un niño, sin miedo a que esta se lastime, porque de esas heridas se aprende, así como dejar a un niño llorar y expresar sus sentimientos, porque ellos también sienten. Dejar de usar “pareces niña o vieja” como un insulto.

Hoy puedo escribir y decir lo que quiero sin que nadie me lo impida, no tengo miedo de decir lo que pienso, voy a la escuela y puedo ir a la universidad, pero… ¿somos libres? Tú hombre, tú mujer ¿eres libre?

Por: Ana María González (México)

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me pareció un relato fascinante, actuando con tenacidad y directo al grano, sobre todas las cosas con tu opinión, este comentario va con dirección a destacar y no discutir, por ahora, felicidades.

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  2. hilosfinitos dice:

    Maravillosa reflexión, estoy totalmente de acuerdo contigo, y mi respuesta es NO, cuando me dicen que debo tener miedo por pasear con mi perro de madrugada, en mi pueblo, unos 20.000 habitantes, cerca de Barcelona, España… cuando existe el miedo del tipo que sea, no se es libre. ¡Bravo por tu texto!

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