Momentos con mi padre

Cada domingo, se levantaba dando saltitos de alegría de su cama a la habitación de sus padres. Con sólo cuatro años la inquietud era su estado natural. Unos brazos fuertes la alzaban siempre, para continuar flotando con sus pequeñas alas de niña enamorada de su sonriente padre. Las manos enormes de su progenitor abarcaban todo su minúsculo trasero.
─¡Otra vez papi!
Y a continuación el sonido de las risas de ambos se expandía por toda la estancia. La levantaba a pulso y como si de un pájaro a punto de aprender su primer vuelo, la lanzaba sobre la cama, una y otra vez. Se había convertido en un ritual delicioso, como los días que se hacían tortas con chocolate o aquellas salidas en las tardes de verano donde comían un palo de vainilla helada. Cada noche, cuando ella se quedaba dormida viendo la tele, él la llevaba hasta su cama, la arropaba y la besaba cariñosamente.
Una sonrisa melancólica se plasmó en su mirada. El recuerdo del día de la pedrada cruzó por su mente veloz. Aquel domingo salió emocionada a jugar a la calle. Estrenaba su nuevo cochecito de capota que le había regalado su padre . Y ocurrieron las cosas que les pasan a los niños… Otra niña, vecina del barrio, quiso jugar con su carrito y ella se negó rotundamente, el resultado: una pedrada en la cabeza. La llevaron corriendo al médico, y mientras le ponían varios puntos de sutura su padre la abrazaba con intensidad animándola, no derramó ni una sola lágrima. Aquel día no cumplió ese ritual. Hubiera sido mejor haberse quedado planeando como los aviones mirando el paisaje verdoso de unos ojos que la mantenían firme sobre el aire. No hubo más pedradas desde entonces y muchos domingos de montaña rusa con su padre.
El cuerpo de niña se fue transformando con el paso de los años en el de una mujer. Aferrada a las manos de un anciano pasea por el patio de su antigua casa. Ahora ella era la adulta, y él, su padre, se había convertido en un niño…
─Si pudiera ahora mismo te llevaría a la habitación y te elevaría para navegar sobre las nubes.
La misma conversación todos los días, donde ella le decía siempre las mismas palabras y donde él respondía con la misma frase.
─Me conformo con que me arropes y me beses cada noche.

Por: Lola Sánchez (España)

lolasanchezmiespaciointerior.blogspot.com.es


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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Bonito texto! Me ha gustado la última frase: “me conformo con que me arropes y me beses cada noche”. Felicidades, me has llegado…

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    1. lolasnchez dice:

      Muchas gracias David, para mi este escrito es muy especial, ya que fue ell primero que dediqué a mi padre tras su fallecimiento. Me alegro que te guste. Saludos.

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  2. muy bonito texto casi me haces llorar

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  3. lolasnchez dice:

    Muchas gracias, que te llegue hasta el punto de emocionarte…. ufffff lo que cuento pasó de verdad, como siempre digo la realidad supera la ficción. Mil gracias. Saludos.

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