Si preguntan por mí, diles que la niña ha muerto. Que ya no soy la misma, que he cambiado; que la vida, a golpes, me ha cambiado. Y el (des)amor también.
Diles que ya no miro el mundo con los mismos ojos y que ya no tengo ojos solo para ti.
Diles que ya no necesito hacer oídos sordos a palabras necias, que los sordos (y necios) son ellos que hablan sin pararse a escuchar y que lo que tengan que decirme ahora me resbala.
Diles que el amor no es una cuestión de piel, sino de alma.
Diles también que quienes se creen los «mejores» no son los que ganan todas las batallas, sino aquellos que no dan ninguna por perdida.
Y diles que todavía queda gente buena. Que los ángeles existen.
Por favor diles, que no quiero ser como ellos.



Deja un comentario