Sus Sueños A Todo Correr

[Versión Letras y Poesía, con una ilustración que no viene mucho a cuento, un videoclip que quizá tampoco y un párrafo adicional de color naranja.]

Uno de esos jueves en los que la realidad parece más falaz de lo normal, a Pascual se le ocurre que la mejor forma de autopublicar su primer libro es tatuárselo.

Con eso hirviendo en los sesos, llama el sábado a Fabián, pluma digital, depredador de tendencias y, en la hora bruja —que es la del gin tonic—, primus inter pares.

— Ta-tu-ar-te-el-li-bro, ya.

Fabián cuelga el teléfono sin despedirse. No está para chorradas de ese calibre. Está ahora con Tony, el cuentista, que le ha invitado a un recital de Letras y Poesía. Y como le debe más favores que vermús, allí respira, inmune a los versos que rompen en sus orejas, no vaya a ser que algún día empiece a vivir una vida que sea de verdad.

Peces muertos —recuerda Fabián la voz de Úrsula, a sus diecinueve, sentados los dos en la moqueta de un garito oscuro y lleno de humo. Ella con la mirada de los mil metros y ese corte de pelo tan raro. Se habrá metido algo distinto hoy, pensó entonces Fabián. O algo normal, pero más de la cuenta—. Es un proverbio ruso: “en el mar de las mentiras sólo nadan peces muertos”. Pero luego, un día, te das de bruces con la Verdad, ¿sabes? y resulta que no está viva, como nosotros. Es otra especie. Es un jodido monumento.

Entre dos sorbos de tinto, y como cada tercer sábado del mes, Fabián tiene una revelación. Una que le obliga a volver a llamar al infeliz de Pascual.

Oye, Pascual, lo del libro tatuado, vamos a ver…

Fabián dice relámpago y dentro de la pelota. Dice contactos, dice llamadas, menciona a una tal Fiona y una galería mínima pero cool en la calle Serrano.

Cinco días de tinta y sangre. Diez de vendas y dolor. Adiós a sus ahorros. Y Jota, el tatuador, a punto de perder la cordura. Todo por llevar su libro encima y que, de alguna manera, eso llame la atención de medios y editoriales.

La semana siguiente, en la galería Schlange, conoce a @fionajung —ja, ja, con ese acento gallego ni de coña, aunque lo perjure Instagram—. Es delgada como la línea que separa lo feliz de lo siniestro. Traje oscuro de chaqueta y pantalón, corbatín, mechón blanco, parche en un ojo quizá sano, largo cigarrillo en perpendicular y ese tic en la parte izquierda de la cara, que la obliga a arrugarla de forma intermitente y convulsa, como si la hubieran salpicado al estrujar un limón.

Un personaje tan de cine que huele a palomitas.

Con corrección palaciega y sin apenas preámbulos, Fiona se lo lleva a una habitación contigua, vacía como el alma de una fregona, a excepción de una cortina circular en el centro. Hay un pequeño taburete de hierro oxidado detrás de la cortina, aunque Pascual no lo ve.

—Ahí dentro, encima del taburete. Y desnudo, por favor —dicta Fiona, tan delgada, tan correcta, tan pirata.

Contra todo pronóstico, lo de estar allí expuesto en pelotas con su libro tatuado tiene éxito. La efímera sonrisa de @fionajung más dos vodkas con naranja suman un verano tropical. Todos contentos. Y Pascual también, tan radiante, tan desnudo, el escritor-escrito, permitiendo a diario que los visitantes de la galería lean fragmentos de su libro a flor de piel, y esperando que cualquier tarde pase por allí el emisario de alguna editorial. Pronto verá el libro publicado también en papel.

A las tres semanas de la autopublicación, le llama un editor de Doble Espacio. Tira de sus tirantes con calaveras al decir: te has convertido en un fenómeno de vanguardia, chico. Revisa su Badoo al decir: publicaremos tu libro en nuestra colección. Y le habla, incluso, de traducirlo a otros idiomas.

Un entusiasmado Pascual acude pocos días después a una breve reunión con un becario del editor. Es eficiente. Se mueve tan rápido que… no se mueve, se propaga. Se nota que no le pagan. Pascual firma varios papeles sin leerlos. Para qué. Sus sueños mandan. Sus sueños a todo correr.

El viernes siguiente Fabián le llama hasta arriba de mojitos, desde un evento donde —asegura— están presentando su libro en japonés.

A Pascual le extraña muchísimo que los de Doble Espacio no le hayan dicho nada, y más que hayan decidido presentar su libro impreso en otra lengua antes que en la original. Muy pero que muy raro. Aunque en ese momento le preocupa más saber qué tal ha quedado editado en papel.

—¿En papel? Ja, ja, no. ¿Qué papel, chaval? Bueno, te dejo, que hay canapés— y Fabián cuelga. Está cerca de la chica oriental, desnuda encima del taburete cromado. Su tierno cuerpo tatuado casi por completo con el libro de Pascual. Pero esta vez con mejor tipografía, y a dos tintas. Tiene la piel tan blanca… y apenas vello… El texto se lee tan bien… Vamos, que, comparada con Pascual, se nota que ella es mucho mejor edición.

Y los VIPs martini en mano, leyendo párrafos en senos y nalgas —es tendencia—, sin que parezca algo morboso o excéntrico.

Porque para eso tendría que ser uno de esos jueves en los que la realidad parece más falaz de lo normal.

Por: Tony Franco (España)

elpajarllenodeagujas.wordpress.com


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